Mauricio Macri y Marcos Peña intentan inyectar optimismo, pero en el PRO ya empezó la ceremonia del adiós

Lunes, 09 Septiembre de 2019
Lunes, 09 Septiembre de 2019

El Presidente y el Jefe de Gabinete se muestran convencidos de que se puede revertir el resultado electoral. Mientras, en silencio, los funcionarios se preparan para una derrota y proyectan un futuro en el sector privado

El estado de ánimo de Mauricio Macri es cambiante. Delante de sus ministros y secretarios, busca mostrarse seguro de que es posible revertir la derrota de las PASO. Él y Marcos Peña aparecen como los más optimistas. Entre los funcionarios, en cambio, predomina el pesimismo y ya parecen haber comenzado a despedirse del poder. En el Gobierno se ha vuelto frecuente escuchar conversaciones -con el único cuidado de no hacerlo nunca cerca del Presidente- sobre lugares paradisíacos en los que planean unas largas vacaciones o ambiciosos proyectos laborales en la actividad privada.

Macri hace lo que puede para tratar de contagiar entusiasmo. Este miércoles, en la quinta de Olivos, recibió a los atletas argentinos que participaron en los Juegos Parapanamericanos en Perú. "Nosotros vamos a ganar, como ganaron ustedes", les dijo. Poco antes, cuando salían de la residencia presidencial tras el encuentro con los legisladores de Cambiemos, dos funcionarios de primer nivel conversaron sobre la posibilidad concreta de asociarse el año que viene para poner en marcha una consultora política. No son los únicos con proyectos de esas características.

El clima que se respira en la Casa Rosada es extraño. Tres fuentes consultadas por Infobae coincidieron en resaltar que la última semana algo cambió. Como si se hubiera abandonado el estado de negación que caracterizó a los 15 días siguientes a las PASO para comenzar una suerte de duelo liso y llano. Las últimas medidas económicas y cada una de las definiciones que fue dejando el nuevo ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, fueron un baño de realismo. Su antecesor, Nicolás Dujovne, perteneció siempre al grupo de los optimistas irracionales. Eso sí: ya sea por falta de tiempo o de costumbre, en las reuniones de estos días no se escuchó ninguna autocrítica.

Los amigos de Macri en el Gobierno saben que el Presidente sigue afectado por la derrota de las primarias del 11 de agosto. Se imaginan que debe haber llorado en privado, pero lo consideran un competidor nato que no se resignará hasta conocer los resultados del 27 de octubre.

No es momento para reproches. Pero algún funcionario con poder institucional recuerda ahora que le sugirió tres veces a Macri que no se presentara a la reelección. Le recomendó concretamente declinar sus candidatura presidencial y convocar a una gran PASO entre María Eugenia Vidal -como representante de Cambiemos- y el peronismo federal que en ese momento encarnaban Juan Schiaretti, Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey. Ese dirigente cuenta que el Presidente llegó a dudar cuando escuchó su propuesta. Pero se impuso el optimismo del microclima del poder y, como se sabe, fue candidato y perdió.

Nadie se anima a preguntarle hoy a Macri qué planes tiene para el futuro. Saben que enfrenta varios desafíos simultáneos: gobernar un país con una economía que no da respiro, llegar al 10 de diciembre de la mejor manera posible y tratar de revertir el resultado electoral. Lo que sucede es que el orden de esos desafíos a veces sufre alteraciones. Macri necesita autoconvencerse de que todavía se puede ganar.

FUENTE : INFOBAE

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